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Cuatro millones son pocos… ¡Hacen falta más millones!.. (¿La venganza de Don Mendo?...) Escribo estas líneas hoy, 30 de Enero, al regreso de una larga caminata alrededor de nuestros dos embalses. Ha hecho un día espléndido, en calma y con cariz de Poniente, lo que, como se sabe, proporciona una radiante luminosidad. A pesar de que las lluvias quedaron atrás, los arroyos que nutren los embalses, -que están a tope-, siguen fluyendo, alegrando las pajarillas al paseante, con su rumorosa canción. Algún almendro despistado que nadie sabe como se coló en el entorno, ya luce sus primeras flores. Con estos mimbres, el paseo debiera de haber resultado sumamente placentero, mas no fue así, porque los destrozos ocasionados por las lluvias de finales de Septiembre, arruinan el decorado, sumiendo al caminante en el mayor de los disgustos.
En varias ocasiones, quizá haciéndome pesado, me he referido en este periódico a los importantísimos daños que sufrieron nuestros montes recientemente, y a la necesidad de que se procediese con urgencia a su reparación, pues podrían dar lugar a un desastre ecológico de envergadura. Perecieron varios centenares de árboles, -ya han sido retirados, por fin, los que impedían el paso por los senderos de circunvalación- y se produjeron infinidad de desplomes de taludes que dejaron a otros muchos con las raíces al aire, esperando la mínima presión ambiental para venirse abajo. Los bordes de los embalses y los caminos han sufrido las mordeduras de las aguas desbordadas, hasta el punto de hacer difícil el paso por alguna zona, por estar sumamente embarrados. He aquí, por qué, lo que pudiera haber resultado un paseo agradable, devino en una especie de Via-Crucis, con más de 14 estaciones. A raíz del diluvio causante de los destrozos, recuerdo que recibí con alegría la noticia de que se habían librado 6 millones de euros para acometer las obras de reparación de los daños causados por las lluvias (4 de ellos, creo recordar, destinados a los pantanos), mas han pasado los meses -4, ya- y hasta hoy lo único que se ha hecho, muy a última hora, ha sido retirar los árboles caídos y pespuntear de estacas indicadoras los caminos, probablemente con vistas a levantar los planos necesarios para plantear las obras. El retraso en tomar acción ha supuesto, probablemente, duplicar los destrozos y, consiguientemente, el gasto; lo que no me extrañaría redunde o en un encarecimiento de los trabajos, o en que no se realicen con el rigor que las circunstancias requieren; de ahí que me resulte imposible entender la cachaza de los responsables directos e indirectos de esta situación. También me resulta incomprensible la pasividad y falta de compromiso de los clubes y asociaciones deportivas, culturales y ecologistas, -incluso de la Consejería de Medio Ambiente -a pesar de que los trabajos no son de su competencia- que en ningún momento han expresado su preocupación por los enormes daños que está sufriendo el menguado patrimonio forestal de la Ciudad, ni protestado por la desidia y pachorra con que está actuando la Confederación Hidrográfica de quien dependen estas cuestiones. Entiendo que los ceutíes no debemos permitir que se nos arruine o destruya un solo árbol de los pocos que crecen en nuestros montes, no sólo porque sirven para enriquecer el ambiente con su benéfico influjo, sino también porque protegen y sustentan el escaso terreno de que disponemos. Tras el vía Crucis de hoy, “debo confesar” y confieso que me siento hondamente preocupado por el futuro de nuestro territorio que las lluvias están arrastrando al mar, ante nuestra impasibilidad e indiferencia. Cosas de viejo. Add as favourites (23) | Cite este artículo en su sitio | Views: 310
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