| El ceutí, Juan Sánchez Durán, oculto 14 años para salvar la vida |
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| Escrito por Francisco Sánchez Montoya (Papeles de la Historia) | ||||||
| jueves, 10 de abril de 2008 | ||||||
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Al militante socialista, Juan Sánchez Durán, la sublevación le sorprendió en Tetuán, donde vivían sus padres desde mayo de 1934, tras instalar un negocio de ventas a plazos.
Ni se podía imaginar que en la tarde del caluroso viernes, 17 de julio de 1936, cambiaria su vida y viviría catorce años escondido como un “topo”, seguro que fueron otros muchos los que vivieron esas mismas circunstancias escondidos tras despensas, zulos, pozos o alacenas. Juan Sánchez, cuenta en el consejo de guerra, tras su detención como se sucedieron los acontecimientos, en aquella tarde: "En la tarde del 17 de julio, me encontraba, debido a mi trabajo, en Tetuán, comprobé que existía por las calles una efervescencia y ambiente anormal, sobre todo por los comentarios que se hacían por los cafés o bares. Sobre las nueve y media me fui al Centro Obrero Español en la calle La Luneta, y desde aquí al poco tiempo a mi casa. Al día siguiente, 18 de julio salí muy temprano serían las ocho de la mañana, compré el diario Tetuaní La Gaceta de África, y comprobé que se trataba de un movimiento nacional, tras visitar a varios clientes, me comunicaron que las tropas de Regulares en la noche del día 17, entraron el centro obrero deteniendo a todos los que se encontraron en su interior y otros fueron detenidos solo por el hecho de pertenecer al centro y llevados al campo de concentración del Mogote. Por lo que se decía sobre los que habían detenido, me recluí en mi casa por miedo a venganzas personales, dado que por otra parte me había enterado que a muchas personas por disgustos insignificantes y rencillas habían sido denunciados y sufrido malas consecuencias, por eso huí de todo contacto que no fuera del de mi familia…. Muchas veces vino la policía a mi casa, pero mis padres decían que había huido a Casablanca, estuve escondido en un cuarto trastero, que estaba entre dos cocinas. Me marché a mi domicilio y no salí a la calle hasta el día 3 de julio de 1950, por acogerme al indulto que dio el General Franco, por ser año Santo". Una vez que se entregó, fué detenido y trasladado a Ceuta a la Fortaleza del Monte Hacho y se le instruyeron diligencias previas con el fin de realizarle un consejo de guerra. El 6 de abril de 1951, el fiscal jurídico militar le pide doce años y un día de reclusión. El 18 de mayo de este mismo año, se celebró el consejo de guerra, su abogado defensor estima que tras 14 años de “topo” en su casa, ya tiene más que pagada su condena. Tras reunirse el juez falla otorgarle la libertad. Un caso muy parecido, fué el que me relató la conocida ceutí María José Rodríguez, que en 1936 tenia 6 años: “Todas las tardes tenia cómo costumbre visitar a mi tía tras salir de clase, ella me obligaba a leer un cuento, en la cocina y en voz alta, muchas veces preguntaba porqué no nos marchamos al salón que es más acogedor…. Al cabo de los años, supo que su padre estaba escondido tras un mueble de la cocina. Tampoco tendríamos que olvidar el caso de Berrocal quien estuvo durante varios años oculto en un pozo en una finca del extrarradio ceutí. Habría que reseñar también la circunstancia penosa sufrida por el joven ceutí dirigente del PSOE, Juan Pousa Martínez, propietario de la confitería “La Campana”. Tras la sublevación, decide esconderse en un almacén que poseen en la calle García, en espera de poder salir de la ciudad. En varias ocasiones ya habían tenido las “visitas” de patrullas de falangistas, pero siempre les manifestaba su familia que había huido a Tánger. El 4 de agosto de 1936, una vez más, se presentan en el almacén a buscarlo, bajaron al sótano, lo removieron todo, como sabiendo que allí se encontraba el joven y después de un minucioso registro, ven en el fondo, una pequeña puerta metálica cerrada, con muchas cajas delante de dulces, las apartan y tras abrir la puerta se encuentran al joven, Juan, con una gran barba y tumbado. La capacidad de este pequeño habitáculo era de 50 centímetros de alto por un metro de largo, tan solo salía por las noches a fumar y estirar un poco las piernas. Fue trasladado a la comisaría y tras prestar declaración internado en la Fortaleza militar del Monte Hacho. En la madrugada del 27 de agosto de 1936 fue sacado de la celda y ejecutado en algún descampado de la ciudad junto a 22 compañeros más. Otros muchos permanecieron ocultos hasta 1969, que se promulgó un indulto, la gran mayoría de los “topos” salieron a la calle y dejaron atrás cientos de días viviendo con la psicosis del miedo, horas de inquietud, de hastío, de deseos. Días de una vida ocupada en ocul-tarse. Las represalias contra el bando perdedor y fueron cosa de largo tiempo en la llamada posguerra civil, que en el caso de los Topos duro hasta la amnistía general por los actos en la guerra civil emitida al comienzo de la década de los setenta. Con la amnistía, salieron por todas partes, los que salieron antes fueron encarcelados. Luis Manzanete, escondido un año en el monte Cuando Luis Manzanete Flores, de 34 años, se encontraba junto a otros militantes de izquierda, en el Paseo del Rebellin, en la tarde-noche del 17 de julio de 1936 y vio como salían tropas del cuartel de Sanidad (hoy Manzana del Rebellin) comprendió que la sublevación militar estaba en marcha, y que el seria uno de los primeros en ser detenido dada su destacada militancia política. No se lo pensó y se marchó a casa de su hermana Amanda, que vivía en la zona del Recinto, se quitó el traje que llevaba, se puso un pantalón oscuro, una americana vieja, unas alpargatas y una boina. Tras este cambio de indumentaria, para no llamar la atención, se marchó al campo comunicándole a su hermana que no se preocupara de él que en unos días volvería, “cuando todo haya pasado”... pero no volvió hasta un año después. Intentó en varias ocasiones marcharse a Tánger, pero al llegar a la zona de la Almadraba siempre se encontraba con algunas patrullas. Durante todo ese año estuvo viviendo en un vivero que había en la zona del Tarajal. Mientras tuvo dinero, cuando oscurecía, subía a los Barrios de la Unión o San José y compraba artículos para comer. Al agotársele el dinero, unas veces comía de las huertas que había por aquella zona y otras se hacia pasar por mendigo y pedía. Los meses de invierno, al tener que dormir en el campo se tapaba con rastrojos y ramas, con la esperanza puesta en huir de Ceuta. El 30 de julio de 1937, volvió a casa de su hermana Amanda, para descansar unas horas y aprovisionarse de ropas y comida y volver al campo como un “topo”. Pero, al día siguiente, como habían hecho en muchas ocasiones se presentó una patrulla. Le preguntaron a su hermana, esta les dijo que se había marchado a Tánger hacía ya muchos meses. La patrulla no le cree y tras un exhaustivo registro lo encuentran en una pequeña habitación de la azotea donde estaba oculto, casi sin fuerzas, la policía en su informe indicó: "presenta un aspecto desfigurado". Cuando estaba siendo bajado por la escalera esposado, su vecina Dolores Ríos, recriminó su detención a la patrulla, diciendo que era un buen hombre, honrado y trabajador… La policía la detiene también, y le instruyen un consejo de guerra por “desacatado”, fué condenada a doce años de prisión. A Luis Manzanete Flores, le realizan otro consejo de guerra y en escasos treinta días, el 27 de agosto de 1937, sería fusilado en la Fortaleza del Monte Hacho. Otro testimonio de aquellos “topos y huidos”” ceutíes fue la del funcionario municipal Bernardo Cabezas Madrigal: "El 16 de febrero de 1936, fui apoderado de una urna del patio Centenero, después, el 26 ingrese en el Ayuntamiento, en obras, donde permanecí hasta el golpe de Estado militar, abandoné el 18 de julio y el día 20 viendo que las directivas de los partidos estaban ya detenidas inclusive el alcalde Sánchez-Prado, me fui para el campo, a los montes junto a la Mezquita, días después me marché para Tánger, donde fui cogido en la cábila del Biut a las once de la noche y me llevaron detenido hasta la aduana de Castillejos, donde dije que había ido a ver si había trabajo como carbonero. Me soltaron y me escondí en una cueva del Foso San Felipe a 300 metros de profundidad. Un día salí de madrugada y un compañero que tenía una casa en el Foso, me dijo que habían dado el chivatazo de que en la cueva había gente escondida, efectivamente a los pocos días, aparecieron tres falangistas a registrarla. Vendí tres trajes que tenia y me fui otra vez para Tánger el día 22 de septiembre de 1.936, al llegar a las malezas de arroyo a la derecha del Zoco, me tiraron ocho tiros y me tuve que volver, serian las tres de la mañana y me volví a Ceuta, y nuevamente me metí en la cueva". El 18 de noviembre de 1936 fue detenido y llevado a los calabozos de la comisaría en la Plaza de los Reyes, al día siguiente, según indica un informe, a las cinco de la madrugada, se lo encuentran ahorcado en su celda. Se fuga de la prisión del HachoComo ya hemos narrado, muchos ceutíes estuvieron presos en sus propias casas durante años en cuartos trasteros, pozos o dobles techos. Pero tambien hubo alguna que otra huida, su protagonista es el joven Pedro Rodríguez, tenia 24 años, casado y con dos hijas de uno y dos años. Su compañero de prisión, Sánchez Téllez, nos cuenta: “Pedro me dijo: Ya me han comunicado, mi condena a muerte, si esta tarde no me incomunican por estar en capilla, ¡me fugo!, ¡Me escapo! Me han condenado a muerte y seguro que por la mañana lo llevan a efecto". Trate de disuadirle de la temeridad de su propósito por la imposibilidad de evadirse del presidio del Hacho, porque las murallas son altísimas e inclinadas hacia dentro. Y en caso de que lo consiguiera, qué rumbo iba a tomar, dónde se iba a ocultar. Después de comer, oí abrir el cerrojo de la celda, al mismo tiempo, que todos formábamos en fila en medio de la sala. Casi siempre escogían para trabajar a ocho o diez de cada celda, pero esta vez, como otras muchas, los pidió voluntarios. Mi amigo Pedro salió y yo también. Conducidos por cuatro o cinco legionarios-carceleros, con pistola al cinto y vergajo en mano, íbamos unos cuarenta o cincuenta reclusos de distintas celdas. Le mandaron coger pico o pala y observé como se le alegraban sus ojillos por este hecho. Supuse y así fue, que era porque en esa misión le sería más fácil burlar la vigilancia y evadirse. No sé como se las arreglaría mi inolvidable amigo Pedro, sin ser visto, para evadirse. Lo cierto es que, cuando volvimos del primer viaje de acarreo de los sacos para fortificar las baterías de cañones, Pedro no estaba allí. Miré insistentemente y nada. Se había escapado sin que los dos vigilantes notaran su ausencia, y eso que solo habría unos quince o veinte hombres cavando. Miré al Cielo y pedí a Dios con toda mi alma que no se dieran cuenta los vigilantes de su falta. Cuando nos distribuyeron en las celdas, fue cuando uno de los vigilantes, antes de pasar lista, se dio cuenta de que faltaba. Se formó zafarrancho grande, se oyeron discusiones en el pasillo entre los vigilantes y momentáneamente salieron a buscarlo. Pasaron varios días, quizás una semana o más, cada día que pasaba daba gracias a la providencia Divina para que no dieran con el paradero de mí intimo amigo y compañero, Pedro. Él me dijo que se iría por la parte del Salto del Tambor, para continuar por el Sarchal hasta el Recinto; después pasaría el Puente Almina y el Puente del Cristo y saldría de Ceuta por la playa de Benítez hasta Benzú. Y a campo traviesa llegaría hasta los montes de Alcazarseguer hasta Talaa Lacra para dar con la frontera internacional de Tánger, donde ya estaría a salvo. Que se alimentaría de madroños, moras y palmitos, y que lo más que tardaría seria dos o tres días. Pero un día fatal y desgraciado para mí y para todo el que tenga sentimiento, escuche en la voz de otro compañero de celda, la noticia más punzante y lastimosa que se puede oír. A Pedro, lo ha cogido la Mehala de Regulares de Marruecos en la misma frontera de Tánger, está en la celda nº 3, en capilla y mañana lo fusilan. Y así fue, al rayar el día siguiente, la descarga de los fusiles de un pelotón de ejecución sonó en mis oídos, repercutiendo en mi alma inundando mi corazón de tristeza”. Termina contando su compañero de prisión Sánchez Téllez. Add as favourites (17) | Cite este artículo en su sitio | Views: 1428
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