 Jorge Loureiro, en el exterior del faro. ![]() Desde ‘El Faro’ hasta el faro. Este fue el trayecto que realizó el equipo de este medio para llegar hasta el faro, el que emite señales marítimas. Esta coincidencia de nombres ya ha causado algún que otro equívoco, cuando un permiso de una camerunesa que trabaja en el faro de Punta Almina llegó a este medio. Sin embargo, esta curiosidad es tan sólo un ápice en la interesante historia que envuelve a un farero, a la que no todo el mundo puede acceder con facilidad. Jorge Loureiro sacó su plaza de farero en el 89 y llegó a la ciudad tres años después. Desde ese momento, compagina sus estudios con su profesión. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología, le encanta leer cosas del ser humano. En su tiempo libre realiza un curso de la UNED en el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado, “donde hay programas interesantísimos que están relacionados con la dinámica del mundo actual”. Así es Loureiro, un farero moderno con una formación digna de admirar.
–Explíquenos cómo funciona el Faro de Punta Almina. –Hace unos años cambiaron el sistema que se utilizaba en el siglo XX. Uno de los problemas que había en la óptica cuando se empezaron a desarrollar los primeros sistemas de faros era el rozamiento que se producía al girar todo el peso de la lente y del armazón que la sostenía. Entonces los primeros sistemas giraban sobre ruedas y eran muy lentos. El siguiente desarrollo tecnológico consistió en hacer flotar a toda la óptica y los montantes sobre mercurio. En este faro se creó una cubeta que está rellena de este elemento y la parte de arriba está flotando sobre el mismo. –¿Por qué se creó este nuevo sistema? –Como tiene bastante peso, más de 200 kilos, para evitar problemas de rozamientos y conseguir que el aparato gire más rápido. Este sistema también consta de ruedecitas, pensadas para faros que están situados en torres altas y metálicas que tienen una cierta oscilación. Está preparado también para combatir los movimientos telúricos o terremotos. Aunque tenga pequeñas ruedas, el faro gira sin apoyarse en ellas. –¿Cómo es entonces el mantenimiento del faro con este nuevo sistema? –Cada cierto tiempo el mercurio acaba cogiendo suciedad y llega un momento en el que se produce una capita que va originando una fricción que detiene el giro de la óptica. En estos casos hay que limpiarlo. La cubeta tiene un grifo para filtrar el mercurio. Se quitan unas pletinas metálicas que hay en el artilugio para introducir unas barras de hierro para liberar los soportes y poder así limpiar bien la cubeta. –¿Cada cuánto tiempo hay que hacer esta operación? –Cada cinco o diez años. Lo hicimos el mes pasado, ya que empezamos a notar que giraba con dificultad. Antes de que pudiera pararse lo hicimos. –En realidad, la bombilla no es tan grande como creía, ¿son las lentes que tiene a su alrededor las que amplifican la luz? –Claro, las que amplifican y hacen que llegue tan lejos la luz son las lentes. La bombilla es muy potente. –¿Qué potencia tiene? –Antes teníamos una de 3.000 watios de resistencia, pero ahora tenemos una de halogenuros metálicos de 1.000 watios que da un resultado estupendo. Da mejor luz que la anterior. –Un sistema muy moderno, seguro que su puesta en funcionamiento es igual de novedosa... –En el exterior del armazón hay una célula fotoeléctrica que detecta las variaciones de luminosidad. Cuando baja a un determinado nivel se dispara y se enciende la bombilla y el sistema comienza a girar. –Queremos saber también cómo funcionaba el anterior sistema (está situado debajo del nuevo en una urna de cristal). –La máquina que se utilizaba antes es muy parecida a la que tienen los relojes. De ella sale un peso que se desvía por medio de una polea hacia un hueco que hay en el interior de la pared. Su bajada era lo que impulsaba la rotación de la máquina. –¿Hasta qué año se utilizó? –Pues no lo sé exactamente, pero en otros faros se ha utilizado hasta hace bastante poco y se sigue usando como mecanismo de reserva. El faro de Ceuta se electrificó bastante pronto. Sin embargo, hay algunos que funcionaron con petróleo hasta hace poco. El último se electrificó en el 93, pero éste bastante antes. Cuando tenía su auténtico encanto ser farero era cuando los faros eran de petróleo. Entonces a esta hora (19:30) tenían que subir a la torre y encenderlo, lo cual te llevaba unos 20 minutos. Este periodo de tiempo era porque la lámpara funcionaba con vapor de petróleo. El líquido llegaba a un aparato ingenioso que lo convertía en vapor, y para ello tenían que calentar con una lamparilla de alcohol. –Como usted ha dicho, estos avances han hecho que se pierda el encanto de ser farero... –Ha hecho que pierda uno, que es el de encender el faro, apagarlo y darle cuerda. Si tenían la suerte de que la torre fuera alta, sólo tenían que darle cuerda una vez, ya que el peso tardaba mucho en llegar, pero si tenían la mala suerte de que fuera baja, tenían que darle a una manivela unas tres veces en toda la noche. –¿En qué consiste ahora la labor del farero? –Supervisamos que el faro funcione y llevamos otras luces, como las balizas del Puerto, al que dependemos desde el 93. Antes éramos un cuerpo de funcionarios. También llevamos algunos aparatos de ayuda a la radionavegación. –¿Su profesión viene de familia? –No. Mi familia todos trabajan en bancos; yo he sido la oveja negra (risas). –¿Cómo se llega a ser farero, hay que hacer alguna oposición? –Antes había que hacer una oposición para acceder al Cuerpo de Técnico de Señales Marítimas, pero desde que éste se extinguió no hay una vía de acceso clara. La disolución del Cuerpo ha sido uno de los peores errores que se han cometido, ya que toda la experiencia y todo lo que había acumulado en materia de faros a lo largo de más de siglo y medio quedó sin posibilidad de transmitirse. También se quitaron los cursos que duraban seis o siete meses. El Centro Técnico se cerró y ahora estamos viviendo de la herencia del sistema que formaba fareros. En el momento en el que nosotros nos vayamos jubilando los que pertenecíamos al Cuerpo se gastarán un montón de dinero en hacer algo parecido. –¿Han perdido entonces formación? –No es que hayan perdido formación, es que han dejado de formarse. Este país funciona así: surgirá un nuevo problema y se buscará una solución cuando no quede más remedio. –No será tampoco tan sacrificada la vida del farero en relación a años atrás... –Cierto, antes era mucho más sacrificada. Un viejo que conocí en Tenerife me dijo que ahora es una maravilla porque antes no había caminos ni coches y había que trabajar con un burro. –Sin embargo he podido comprobar que aquí no hay cobertura. –Tenemos que utilizar el teléfono fijo. Antes era todo más difícil. Había faros a los que tenías que ir a pie. Yo estuve en uno que tardaba una hora y media en llegar y tenía que tirar por un camino del monte. Otros faros estaban tan lejos de la ciudad que un hombre tenía que llevar la bombona con la ayuda de un burro u otro animal. “Ahora con un GPS cualquier inútil puede navegar sin problemas” “Ahora con un GPS cualquier inútil puede navegar sin problemas”. De esta manera hacía alusión Loureiro a los grandes avances que se han producido en la navegación. –En la antigüedad, el farero era como un lazarillo para el marinero. Ésto ha cambiado con el paso de los años, ¿cómo ve esta evolución? –Antes, la vida de la gente en el mar dependía mucho del faro. Hoy, afortunadamente, depende de más cosas. Fueron apareciendo muchos avances que hacían más fácil y más segura la navegación. –Aunque estos avances hayan perjudicado a los fareros, han beneficiado a los marineros... –Claro. Todo lo que sean ayudas y facilidades para navegar son buenas. Hay marinos que dicen que antes debían aprender Astronomía en la Escuela de Náutica y hacer cálculos matemáticos necesarios. Ahora con un GPS es todo más fácil y se puede saber pronto dónde estás y hacia dónde vas. Es mejor para todos. –Con la aparición de estos aparatos, los faros han perdido utilidad... –Sí, antes eran el único medio de apoyo a la navegación y ahora han pasado a ser una ayuda más. Sin embargo, con GPS y con todo, siguen ocurriendo accidentes marítimos, y con lo caro que son, estas inversiones son muy válidas. Pienso que los faros siguen siendo muy importantes y que deberían ser cuidados con especial dedicación. Testigo de la inmigración y el contrabando Gracias a las maravillosas vistas que brinda el faro de Punta Almina, Loureiro ha sido testigo de episodios de narcotráfico y pateras de inmigrantes. “Hubo una temporada en la que veíamos persecución de traficantes casi a diario. Sin embargo, siempre lo vemos de una manera un tanto neutral, porque, al fin y al cabo, siempre aparece la Guardia Civil”, explicó el farero. Su exquisito sentido del humor le hace bromear, incluso, con el narcotráfico: “El faro ilumina a los barcos, a la Guardia Civil y a todo el mundo. Lo único que se necesita para ser iluminado es ser una embarcación y estar en el agua. No discriminamos a nadie y no apagamos el faro cuando vemos una lancha”. En lo referente a los naufragios, nombró el ‘Al-Zaahra’, que encalló frente a la costa de Santa Catalina. También nombró el ‘New Flame’, aunque no llegó a ver la embarcación. No pasó lo mismo con los sistemas operativos, que sí los pudo ver. Loureiro habló también del “inmejorable” enclave en el que se encuentro situado el faro de Punta Almina, que aunque no sea el punto más alto de la ciudad, sí es el que mejores vistas tiene: “Es un lugar apasionante. Aquí se encuentra el Mar Mediterráneo y el Océano Atlántico.” En la larga entrevista que concedió a este medio, el farero pudo explicar también como estaban clasificados los faros cuando él llegó a la ciudad: “Se dividían en aislados, ordinarios y de descanso. El de Punta Almina pertenece a este último”. Molesto con la fotografía del sello El faro de Punta Almina aparece en una serie filatélica, que se compone de cinco sellos, que se pusieron en circulación el pasado mes de septiembre con un valor de 0,42 euros. De esta manera, el faro de Punta Almina es la imagen de 500.000 sellos. Este medio preguntó al farero por este apunte. Loureiro valora este hecho, aunque se muestra un poco molesto con el mecanismo de elección de la fotografía: “Está bien que aparezca este faro en una serie filatélica pero no me gustó mucho la foto que eligieron. La imagen fue tomada desde un ángulo que no es el más correcto. Los de Correos debieron ser un poco tacaños y, en vez de contratar a un fotógrafo profesional para que hiciera una buena fotografía, anduvieron pidiendo imágenes a alguien que tuviera. Entre el trabajo de un buen fotógrafo profesional y un aficionado con suerte hay una diferencia importante. Sacaron una foto que no es bonita”. Add as favourites (24) | Cite este artículo en su sitio | Views: 2311
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